
Los 12 vitrales del Mausoleu Metropolità de Barcelona: un viaje de luz, tiempo y memoria
El Mausoleu Metropolità de Barcelona redefine el concepto de memorial. Lo consigue al transformar el recuerdo de nuestros seres queridos en una experiencia llena de vida, gracias a una arquitectura que invita a sentir. Con su innovación en el ámbito de los columbarios urbanos, este espacio va más allá de la función funeraria tradicional y se convierte en un lugar de reflexión y conexión con quienes hemos amado y seguimos amando. En el corazón de este proyecto, los 12 vitrales de Alfons Oller Coderch ofrecen un recorrido visual y emocional que nos invita a experimentar el paso del tiempo de forma tangible.
Índice
Innovación en los espacios memoriales
Nuestro espacio de columbarios ofrece una nueva perspectiva sobre cómo recordar y honrar la memoria. La idea es integrar el recuerdo en el tejido de la vida cotidiana de la ciudad. Se replantea el concepto de memorial para convertirlo en una experiencia viva que celebra la continuidad y la vitalidad. La innovación se refleja en un entorno urbano y cercano, así como también en la combinación de elementos de arquitectura tradicional —como las vidrieras inspiradas en las ventanas góticas— con técnicas fotográficas actuales. De esta forma proyectamos luz y color, y reaniman el recuerdo con una dimensión emocional llena de esperanza.
Arquitectura que da vida a la memoria
Con la intención de potenciar esta experiencia sensorial, el espacio ha sido diseñado para capturar la esencia de cada recuerdo. La sala rectangular, concebida por el arquitecto Vicenç Brossa i Soldevila, integra detalles que guían al visitante hacia la salida y la puesta del sol, como caminos que evocan historias muy vivas. Estos elementos son guardianes de los recuerdos, y hacen que cada paso dentro del Mausoleu Metropolità de Barcelona se convierta en un verdadero viaje a través del tiempo. Cuando la luz atraviesa los vitrales, se crea un espectáculo de colores y formas que llena el espacio de una energía renovada y serena.
Las cuatro estaciones: el relato del tiempo
El concepto del ciclo vital, representado a través de las cuatro estaciones, es uno de los grandes ejes de este proyecto arquitectónico. Cada vitral simboliza una etapa en el recorrido de la vida y del proceso de duelo. La muerte se convierte así en una fase más dentro de una renovación continua.



- La primavera, con su explosión de colores vivos, simboliza el renacimiento y el despertar de la vida. De izquierda a derecha: la Fageda d’en Jordà (spherorama cenital), masia de Can Negre (arquitecto: J.M. Jujol; spherorama plantar) y Parc Agrari del Baix Llobregat (spherorama plantar).



- El verano celebra la plenitud con tonos cálidos e intensos que transmiten fuerza, vitalidad y calidez. De izquierda a derecha: la Farga de l’Arion (el olivo más antiguo de Cataluña; spherorama frontal), atrio de la antigua fábrica Casaramona (arquitectos: A. Isozaki y J. Puig i Cadafalch; spherorama cenital) y Mercado del Park Güell (spherorama frontal).



- El otoño, con imágenes de hojas doradas cayendo suavemente, nos invita a reflexionar sobre el paso del tiempo. De izquierda a derecha: escalera interior de la Torre de la Creu (arquitecto: J.M. Jujol; spherorama frontal), detalle del crucero de la nave de la Sagrada Família (arquitecto: A. Gaudí; contrapicado) y pórtico de acceso de la antigua fábrica Casaramona (arquitectos: A. Isozaki i J. Puig i Cadafalch; spherorama frontal).



- Y el invierno, con su iluminación discreta y tonalidades más frías, transmite calma e introspección, abriendo el camino a un nuevo comienzo. De izquierda a derecha: pórtico de acceso de la antigua fábrica Casaramona (arquitectos: A. Isozaki i J. Puig i Cadafalch; spherorama cenital), nave de la Sagrada Familia (arquitecto: A. Gaudí; spherorama cenital) y detalle del salón principal de la Casa Batlló (arquitecto: A. Gaudí; contrapicado gran angular).
Este recorrido no sigue una división rígida, sino que los límites entre las estaciones se difuminan.
Así se nos recuerda que todo está en constante evolución.
El proceso creativo detrás de los vitrales
Los vitrales son fruto de un intenso proceso creativo y multidisciplinar. Su disposición en dos hileras de seis piezas cada una facilita una transición natural entre las estaciones y muestra, de forma suave, el paso del tiempo. La fusión de elementos tradicionales con técnicas fotográficas contemporáneas —como el spherorama y otros métodos de captación visual— aporta a la obra una riqueza única. El resultado es una experiencia donde el tiempo toma forma a través de los matices, la luz y el color.
Alfons Oller Coderch, el autor de los vitrales
No podemos dejar de destacar la figura de Alfons Oller Coderch, el artista detrás de estas piezas excepcionales. Nacido a orillas del Mediterráneo, es arquitecto urbanista y fotógrafo hodológico —se centra en el recorrido y en el proceso del viaje, más que en el resultado final—, reconocido internacionalmente. Su trayectoria está llena de premios y reconocimientos, como el ThyssenKrupp Elevator en Dubái.
La capacidad de este creador para combinar técnica y emoción es tangible en cada vitral, puesto que fusiona elementos de arquitectura tradicional con una visión contemporánea. Integrando la perspectiva visual de la fotografía con los principios de la arquitectura, Oller Coderch ha logrado dotar a las vidrieras de una expresividad que habla directamente en el corazón de los visitantes. Cada pieza es un homenaje a la identidad cultural catalana y una invitación a ver la muerte como etapa natural dentro de un ciclo vital en constante renovación.
La luz como aliada de la memoria
Atraviesa los vitrales y, al mismo tiempo, llena el espacio de calidez y esperanza. La iluminación, cuidadosamente diseñada, acompaña cada paso e invita a los visitantes a vivir una experiencia de paz y reflexión. La combinación de luces artificiales crea un ambiente que trasciende el tiempo, y que convierte la visita a este espacio en un viaje íntimo por el recuerdo y la renovación. Este juego de luces y sombras, de colores y formas, transforma el Mausoleu Metropolità de Barcelona en un lugar donde lo tangible y lo intangible se encuentran. Un espacio donde cada instante se convierte en una oportunidad para la renovación y la introspección.
Un espacio para vivir el tiempo y la memoria
Los 12 vitrales van más allá de una simple intervención artística. Son un puente entre pasado, presente y futuro, una invitación a mirar el tiempo con otros ojos. Cada vitral, con su paleta de colores y su luz propia, nos recuerda que el duelo puede ser un viaje de renacimiento y transformación.
Este proyecto nos enseña que la muerte no es un final, sino una etapa dentro de un ciclo vital. A través del arte y la innovación, el Mausoleu Metropolità de Barcelona invita a transformar el dolor en una experiencia cargada de emociones, a encontrar consuelo en la belleza y a celebrar la continuidad de la vida. Visitar este espacio es, sin duda, vivir un momento de paz e introspección: una experiencia que, gracias a los vitrales, convierte el recuerdo en una obra de arte que habla directamente al corazón.