Columbarios, cremación e inhumación: 2.800 años entre el fuego y la tierra

Fuego o tierra. A lo largo de casi tres mil años, las sociedades han oscilado entre estas dos formas de despedir a los muertos: la cremación y la inhumación.

Hay momentos en los que el cuerpo se entrega a la llama. Otros en los que vuelve a la tierra. Ninguno de los dos ritos ha desaparecido nunca: han convivido y han tenido más o menos peso según la época y la cultura.

También ha cambiado el lugar que ocupa la muerte dentro de la ciudad. A veces, la memoria se mantiene en el propio espacio habitado —incluso bajo el suelo de las viviendas, como en Çatalhöyük, en época neolítica—. En otros momentos, se aleja por motivos sanitarios o ideológicos.

Este recorrido histórico nos ayuda a entender el presente. El crecimiento de la cremación y de los columbarios no es una ruptura, sino una nueva etapa de una historia más larga. Iniciativas como el Mausoleu Metropolità de Barcelona se inscriben en esta evolución: recuperar la memoria dentro de la ciudad e integrarla de nuevo en la vida cotidiana.

Fuego y tierra en la Roma arcaica

En la Roma de los orígenes —a partir del siglo VIII aC, con la monarquía y los primeros siglos de la República— no existía una única costumbre funeraria. Cremación e inhumación coexistían.

Las necrópolis más antiguas muestran esta doble práctica. En algunas tumbas hay urnas con cenizas; en otras, cuerpos enterrados intactos. Las familias influidas por tradiciones etruscas tendían a la inhumación, mientras que a partir de los siglos III–II aC la cremación se extendió sobre todo entre las élites urbanas.

El fuego tenía un fuerte componente simbólico. Consumir el cuerpo con la llama significaba purificación y el paso a otra forma de existencia. La tierra mantenía el cuerpo íntegro dentro de una tumba que podía visitarse e identificarse con el linaje.

Desde el principio, no hay una única costumbre. Esta tensión entre fuego y tierra marcará los siglos siguientes.

La cremación se vuelve mayoritaria

A partir de los siglos II y I aC, la cremación se convierte en la forma dominante de enterramiento en Roma. Las conquistas en el Mediterráneo oriental intensifican el contacto con el mundo helénico, donde incinerar el cuerpo era habitual. Las élites romanas adoptan esta costumbre como parte de una nueva cultura urbana influida por esos referentes.

Existe todo un ritual. El cuerpo se coloca en una pira fuera de la ciudad, se quema y los restos se recogen con cuidado. Las cenizas se depositan en una urna con una inscripción que identifica al difunto.

Las necrópolis muestran un aumento de urnas con cenizas en comparación con las tumbas de inhumación. La cremación responde a una idea de purificación y también a una realidad urbana: ocupa menos espacio en una ciudad que no deja de crecer.

Cuando la cremación se generaliza, las urnas necesitan un espacio propio. Así es cómo nacen los columbarios.

¿Qué es un columbario?

El nombre proviene del latín columba, que significa paloma. Los romanos llamaron así a estos recintos funerarios porque sus paredes, llenas de pequeños nichos alineados, recordaban a los palomares donde anidan las palomas.

En el mundo romano, el columbario no era un nicho individual, sino un recinto que agrupaba decenas o cientos de urnas. En su interior, las cenizas se colocaban en esos compartimentos, a menudo con una inscripción que indicaba el nombre del difunto.

Eran espacios subterráneos o semienterrados, situados fuera de los límites sagrados de la ciudad. Algunos pertenecían a una sola familia. Otros eran colectivos y servían sobre todo para esclavos liberados, o libertos, y trabajadores urbanos que no podían permitirse un mausoleo propio.

No eran mausoleos monumentales. Eran espacios ordenados, con hileras regulares de nichos, pensados para acoger muchas urnas en un mismo recinto.

La cremación había ganado peso. El columbario era la respuesta arquitectónica.

Los columbarios en tiempos de Augusto

A finales del siglo I aC, Roma es una ciudad en pleno crecimiento. La antigua zona funeraria del Esquilino, donde durante siglos se habían excavado fosas comunes con cuerpos inhumados, se clausura y se transforma en jardines públicos. Roma se reorganiza y dignifica sus espacios.

Los enterramientos siguen prohibidos dentro del pomerium, el límite sagrado de la ciudad. La muerte debe quedar fuera de ese perímetro. Es en esos espacios periféricos donde los columbarios se multiplican.

No son solo espacios funcionales. Las paredes se llenan de inscripciones que mencionan el nombre, el origen o el oficio del difunto. Para muchos libertos, el columbario es una forma de reconocimiento público.

La muerte sigue fuera del perímetro sagrado, pero la memoria adopta una forma nueva: ordenada, escrita y compartida.

El retorno de la inhumación en el siglo II dC

En el siglo II dC, la inhumación gana terreno y, con el tiempo, vuelve a ser mayoritaria.

El cambio no es brusco. De hecho, la inhumación nunca había desaparecido por completo. Durante el siglo I dC ya se documentan cada vez más enterramientos con el cuerpo intacto.

Confluyen varios factores. La arqueóloga clásica Barbara E. Borg ha señalado que el cambio no responde solo a una moda. La inhumación ya había ido ganando terreno entre familias que la reivindicaban como una práctica romana antigua vinculada a los orígenes de la ciudad. Cuando el emperador Adriano opta por este modelo, lo legitima al más alto nivel y le da un impulso decisivo. Al mismo tiempo, se extienden nuevas sensibilidades religiosas que otorgan mayor importancia al cuerpo y a su preservación.

Los talleres de sarcófagos tienen más trabajo. El fuego pierde centralidad y la tierra recupera protagonismo. A partir del siglo III, la expansión del cristianismo refuerza aún más esta preferencia.

La Edad Media: despedida en la tierra

Con la consolidación del cristianismo a partir del siglo IV, la inhumación se convierte en la práctica dominante en Europa occidental.

Enterrar el cuerpo se asocia a la esperanza en la resurrección. La cremación queda progresivamente relegada y, durante siglos, prácticamente desaparece del ámbito cristiano.

Los difuntos se entierran junto a las iglesias o incluso en el interior de los templos. El cementerio se integra en la vida del pueblo. La muerte vuelve a situarse en el centro de la vida comunitaria.

Durante toda la Edad Media, la tierra es la forma casi exclusiva de despedir a los muertos.

El siglo XIX: vuelve el fuego

A partir del siglo XIX, la cremación reaparece en Europa después de casi mil años en un segundo plano.

El contexto es muy distinto del mundo antiguo. Las ciudades crecen rápidamente con la industrialización. Los cementerios, a menudo situados dentro de los núcleos urbanos, generan preocupaciones sanitarias. Médicos y reformadores sociales defienden alternativas que consideran más higiénicas y racionales.

En este ambiente nace el movimiento cremacionista. En la década de 1870 se inaugura en Milán el primer crematorio moderno de Europa. Poco después se abren otros en Alemania y en el Reino Unido.

La cremación deja de ser una práctica vinculada a creencias antiguas y se presenta como una opción asociada a la modernidad, la ciencia y la planificación urbana.

El fuego vuelve, pero con un significado nuevo.

Siglos XX y XXI: de alternativa a norma

A lo largo del siglo XX, la cremación deja de ser una opción minoritaria y pasa a convertirse en la norma en muchos países.

La sociedad se seculariza y la decisión sobre qué hacer con los restos del ser querido se vuelve más personal. Las familias se desplazan, cambian de ciudad o de país, y la cremación ofrece mayor flexibilidad. También la Iglesia católica adapta su postura: en 1963 autoriza la práctica bajo determinadas condiciones, y las instrucciones posteriores regulan la conservación de las cenizas.

Hoy, en algunos países como Japón, la cremación supera el 99% de los casos. En muchos estados europeos se sitúa por encima del 70%. En España, ya supera la mitad de las defunciones anuales, según PANASEF, la patronal de las empresas de servicios funerarios.

Varanasi, a la orilla del Ganges, uno de los principales escenarios de la cremación ritual en India.

Para profundizar en la historia de la cremación, la inhumación y los columbarios

Estos son algunos de los estudios, artículos y contenidos que nos han orientado en la elaboración de este artículo sobre la historia de los columbarios y sobre cómo ha evolucionado la percepción de la inhumación y la cremación a lo largo del tiempo.



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